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El esfuerzo extremo provoca adicción

Adicción por el esfuerzo extremo, por lo menos es lo que estoy empezando a experimentar yo con el plan que estoy llevando a cabo tanto en la empresa como en mi vida deportiva.

Como sabéis, desde hace unos meses, me he propuesto reinventar Kuombo, los servicios que ofrecemos a los clientes, la estructura de trabajo y si puedo, el sector del ecommerce en general :p  desarrollando un proyecto ambicioso sin miedo ni frenos al crecimiento.

Por otro lado está mi proyecto personal de reiniciar el boxeo y volver a competir después de 18 años de haberme retirado, algo que me está suponiendo muchos quebraderos de cabeza teniendo en cuenta mis lesiones acumuladas con el paso de los años.

Pues bien, ambos retos, que se están desarrollando paralelamente y se están retroalimentando el uno al otro de manera constante, los estoy llevando a cabo con un plan intensivo de gestión del tiempo, de mini retos diarios, y de objetivos a corto y medio plazo que, de momento, voy cumpliendo.

En el terreno profesional estoy aprendiendo a llevar un plan para priorizar mejor las tareas urgentes de las importantes, intentando ser resolutivo y rápido para las primeras y meticuluso y estricto con las segundas. Las intento calendarizar y planificar para que ninguna se quede pendiente y aunque es cierto que aún no he conseguido una optimización total, ni estoy siguiendo una metodología concreta, siento que estar en el camino es lo importante en este momento.

Este plan me está trayendo cosas muy positivas, como conseguir avanzar más rápido en muchos asuntos que antes se enquistaban y que ahora van tomando forma con más celeridad. Además estoy empezando a notar que la inercia comienza a hacer efecto y ayuda a acelerar el proceso.

Ser capaz de alargar las horas, aprovechar cualquier rincón para avanzar en los asuntos que llevo entre manos, usar la tecnología para optimizar cada gestión en cada segundo, y sobre todo conseguir más foco en lo que hago en cada momento, está siendo vital para que mi rendimiento sea mayor.

Pero creo que todo esto no podría llevarlo a cabo si no hubiese puesto en paralelo el segundo reto, el deportivo en el boxeo.

Volver a entrenar y prepararme para volver a competir me está aportando dos beneficios fundamentales:

En primer lugar me desestresa de la carga diaria que me conlleva la intensidad a la que me estoy sometiendo en el trabajo, tanto en Kuombo como en las clases que imparto, en los posts que escribo, en los eventos que co-organizo, en la vuelta a las ponencias y en los asesoramientos que hago de manera particular a startups.

Cuando estoy en el gimnasio por las noches y corriendo por las mañanas consigo limpiar la mente, descargar la energía que acumulo en la jornada laboral, sudar todas las tensiones que me provocan las decisiones que me veo obligado a tomar día a día y sobre todo sanear mis emociones.

El otro beneficio es que, al ir superando los obstáculos físicos que me encuentro en los entrenamientos todos los días, me cargo de ánimos para enfrentarme a los obstáculos de todo tipo a los que me enfrento en el trabajo, la mayoría de ellos emocionales, pero muchos de concentración y de fortaleza para la toma de decisiones.

Pero como decía en el título, lo más llamativo de todo es que voy sintiendo algo con lo que no contaba, y es ADICCIÓN a este frenético ritmo que, aunque intenso en energía y extenso en tiempo, aún me permite disfrutar de momentos familiares con mi hijo y con amigos, algo que he aprendido a vivir con la misma intensidad estando 100% centrado cuando llega el momento.

Y esta adicción se ha desarrollado principalmente en tres etapas que paso a resumir a continuación:

1) La etapa del reinicio. Calentando motores!!!

Ha sido la más dura, la de mayor incertidumbre, la que más ha costado, ya que volver a crear una dinámica y una costumbre, ha supuesto tener que replantear muchos hábitos que con el tiempo había adquirido. Evidentemente en ambos casos ha ayudado que llevo una vida saludable, con una alimentación equilibrada, sin tabaco, sin alcohol y sin drogas, algo que me hace estar mejor conmigo mismo y que me evita perder cualquier tipo de control sobre mis sensaciones y sentimientos.

Por suerte esta etapa no ha durado mucho y los beneficios se han empezado a ver enseguida. Es como una empresa que empieza, que a nada que le pones un poco de constancia empiezas a crecer rápido, y claro, pasar de 2 a 4 es crecer un 100%, pero aunque en términos relativos parece algo grande, en términos absolutos no es gran cosa.

2) La etapa de la desesperación. Tiro la toalla!!!

Esta etapa llegó por sorpresa, en el pico emocional más alto en ambos casos, y sin pensar ni por lo más remoto que llegaría. Fue como un jarro de agua fría, como un bloqueo en todos los sentidos, como un sentimiento de mi “villano” interno que me gritaba “no podrás, no te esfuerces, estás perdiendo el tiempo”. Y he de reconocer que estuvo a punto de truncar todos los planes y de hacerme tirar la toalla en todos los proyectos.

Pero después de profundizar en esas emociones, de entender que eran métodos de defensa que la mente desarrolla para evitar el sufrimiento por el esfuerzo extremo, y tras luchar contra esas sensaciones para buscar nuevas motivaciones, apareció la otra etapa.

3) La etapa de la adicción. Necesito mi chute diario!!!

Así, sin tapujos, un chute diario es lo que necesito cada día. Un chute de esfuerzo extremo, de sentir que lo he dado todo, en la empresa, en las clases, en las carreras, en el gimnasio, en el ring, incluso en mi tiempo con el peque.

Eso de “no puedo” pasó a la historia y lo he cambiado por “lo voy a intentar me cueste lo que me cueste“.

Y es a partir de ese momento, de esa decisión, cuando la mente cambia a la hora de ver los problemas y se vuelve más lúcida, más directa, más valiente. Y necesitas más. Necesitas seguir tomando decisiones, firmes, pensadas pero con premura, y quieres más porque ves los avances en cada decisión.

Y es a partir de ese momento, de esa decisión, cuando el cuerpo cambia, y las lesiones se curan más rápido, y la resistencia aumenta, y la fuerza vuelve a lo que era antaño. Y necesitas más. Necesitas seguir superándote en los entrenamientos, más rápido, más tiempo, más intenso, más duro, y quieres más porque ves los avances en cada entrenamiento.

Lo cierto es que ahora mismo no se dónde está el límite, ni siquiera se si existe. Por un lado a veces vuelvo a pensar “este ritmo no lo aguantaré mucho”, incluso mucha gente cercana me lo ha insinuado, pero por otro lado me planteo que me está sentando bien y que no es un ritmo dañino porque esta equilibrado.

Las lesiones seguirán llegando, y los obstáculos del día a día en la empresa también, pero así son más llevaderos porque llega un momento en que ellos ya no dominan mi espacio si no que puedo llegar a comprenderlos y enfrentarme a ellos.

¿Has vivido estas etapas en momentos de alta intensidad? ¿Te han llegado etapas nuevas que todavía no me han llegado a mi? Me encantaría saber tu opinión.

Javier Echaleku

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