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La preparación intensiva es el camino para conseguir resultados

Quedan pocos días para el combate de regreso en el reto #ReiniciandoBoxeo que se inició hace 10 meses, después de 18 años retirado de la competición, y que ha sido tan intenso en la propia preparación deportiva como en los cambios que he ido experimentando en Kuombo, la empresa de la que soy responsable.

Ya he contado en otros post sobre el reto lo difícil que está siendo el camino y la cantidad de veces que he estado a punto de rendirme por infinidad de motivos como lesiones, bajadas de moral, inseguridades, miedos, etc. Pero siempre he podido encontrar las fuerzas necesarias para seguir adelante a pesar de todos los inconvenientes a los que me he ido enfrentando por el camino.

Y es en esta recta final dónde más estoy aprendiendo sobre mi mismo y mis capacidades pero ante todo sobre ciertos valores como la constancia, la perseverancia, el esfuerzo y la lucha sin límites, necesarios para lograr unos objetivos si realmente deseas que sucedan.

Los resultados solo llegan cuando se supera el umbral del esfuerzo.

He estado varios meses corriendo para coger fondo, haciendo series largas de 10Km y series de sprints, pero no ha sido hasta el último momento, cuando he conseguido estar física y mentalmente preparado para batir mis marcas objetivo, cuando he sido capaz de alcanzar los resultados.

Esos mismos meses he estado haciendo combate de entrenamiento y ejercicios técnicos en el gimnasio de boxeo, pero no ha sido hasta el último momento cuando he estado preparado física y mentalmente para poder poner en práctica en combate lo que entrenaba en aparatos aguantando la presión del contrincante y la tensión del momento.

También durante este tiempo he estado trabajando muy intensamente con el equipo de Kuombo para modificar y crear nuevos servicios de ecommerce que vamos a lanzar en septiembre (la otra parte del reto, esta vez en lo profesional), y no ha sido hasta el último momento cuando hemos tenido la madurez suficiente y la información necesaria que nos permitiese afinar en el diseño de dichos servicios y en los procesos de trabajo que los acompañan.

La constancia es la base para llegar los objetivos, no hay muchos más secretos que el trabajo, trabajo y trabajo. Solo así se llega al nivel adecuado para progresar. La intención no es suficiente, el deseo se queda pobre si no se acompaña de esfuerzo, y la pasión convierte el sacrificio en recompensa.

Trabajar en soledad es igualmente importante que trabajar en equipo.

Está claro que tanto en lo profesional como en lo deportivo hay que rodearse de buenos compañeros de viaje para asumir retos importantes y difíciles. Sin ellos sería imposible llegar a nada porque uno solo no tiene los suficientes medios, conocimiento y recursos para llegar a objetivos ambiciosos. Pero en este reto he aprendido una lección importante, “la soledad es el principio de la reflexión”.

El boxeo es un deporte muy individual y solitario, está claro que tienes a los entrenadores y a los compañeros con los que aprendes y a las personas queridas que te animan a seguir, pero en el momento de subirte al ring estás solo, tienes lo aprendido, tienes a tu entrenador en la esquina con sus consejos y sus ánimos, pero estás solo, delante de un tipo que, cuanto menos, te quiere reventar.

Para aguantar esta presión es necesario tener tus momentos de soledad en los entrenamientos como levantarte de madrugada a correr, entrenar solo mientras otros descansan, escuchar tu interior cuando tienes dudas o reflexiones, y sobre todo estar atento 24 horas del día a cualquier mensaje que te pueda hacer mejorar.

En lo profesional es exactamente igual, puedes (y debes) contar con los compañeros para todo, pero en ciertos momentos has de recluirte en tu soledad para reflexionar sobre los pasos que da la empresa, para analizar desde fuera tus servicios, tus productos, tus procesos y la estructura de trabajo y equipo.

Igual que en el combate tú tienes la última y única decisión a la hora de esquivar o golpear, en la empresa tú debes tener la última decisión en lo que se refiere a la estrategia más corporativa de la compañía. Esa responsabilidad no es delegable.

El éxito llega gracias a todo el equipo, el fracaso es responsabilidad únicamente tuya.

Así de claro, en lo deportivo y en lo profesional. Tú eres el que está ahí, delante de la situación, y el que has tenido que crear los medios, el equipo, los escenarios, las motivaciones, las situaciones y los vínculos para que todo funcione, para que todos te ayuden a conseguir tus objetivos.

Si todo encaja, si todo fluye, si los engranajes funcionan a la perfección, será más que probable que los objetivos se puedan alcanzar, y será gracias al trabajo de todo el equipo y al talento acumulado en el proceso, pero si no se llega será porque no has sido capaz de hacerlo todo lo suficientemente bien como para triunfar.

No hay más responsables, únicamente tu. Y menos gente de tu equipo o de tu entorno.

Si no estas satisfecho con tus entrenadores cámbialos, si no encajas con tus compañeros busca otros, si no tienes el escenario o el ambiente apropiado crea el que mejor te venga, si te faltan recursos búscalos, si algo no funciona en el camino busca otro camino, pero tú tienes la responsabilidad de que todo se haga para llegar al éxito, porque aunque los demás te quieran ayudar y puedan incluso desear con todas sus fuerzas que todo funcione, el creador del reto, el que ha metido a todos en el lío, eres tú.

No basta con querer conseguir algo, hay que desearlo y ser capaz de todo por conseguirlo.

Algo así escuché en un curso de motivación y gestión empresarial, y a pesar de que tiene lógica no he llegado a entenderlo hasta darme cuenta de algo importante, “solo cuando estás a punto de la extenuación es cuando verdaderamente llegan los resultados”.

Querer algo es sencillo, basta condecirlo y todo parece muy fácil. La típica declaración de intenciones que se hace en Navidad o antes de las vacaciones de verano como querer dejar de fumar o bajar unos kilitos en el gimnasio para lucirlos en la playa. Algo que suele abandonarse al primer intento.

Pero siento decirte que esa declaración de intenciones no vale de nada, no representa ni el 1% del proceso de cambio que se necesita para conseguir algo. Está claro que por algún sitio has de empezar, pero hasta que no se suda sangre, hasta que no se llega al límite de la desesperación, hasta que no estás a punto de tirar la toalla y superas ese umbral, no se inicia el cambio real.

Desear algo es estar dispuesto a todo por conseguirlo, incluso a sufrir y a llorar. Es pelear con tu “villano” interior siempre que intente quitarte las ilusiones y hacerte retroceder en el camino.

Desear algo es darlo todo sin excepción. Y realmente no sabes si estabas dispuesto a darlo todo hasta que no lo has hecho. Por tanto no sabes si deseas algo de verdad hasta que no lo has conseguido.

En este reto de volver a boxear he experimentado sensaciones físicas y mentales que no sabía ni que existían.

Me he dado cuenta de que en mi anterior época como boxeador amateur no deseaba de verdad conseguir objetivos que me planteaba como ser campeón de España. Y me quedé a las puertas en unos cuartos de final por no haberlo deseado con verdadera pasión. Si lo hubiera deseado de verdad lo hubiera conseguido.

Ahora, teniendo menos recursos, más años, menos capacidades físicas y alguna lesión nueva que antes no tenía, he experimentado que tengo más ganas y estoy dispuesto a asumir más sufrimiento que antes.

En lo profesional siento lo mismo, a pesar de llevar toda mi vida luchando en diferentes proyectos empresariales, es ahora más que nunca cuando me siento dispuesto a todo por conseguir mis objetivos. Y los voy a conseguir con mi equipo.

Desear es algo casi espiritual, que cambia el ritmo de los acontecimientos. Es algo apasionado, intenso, sacrificado, casi excéntrico y enfermizo.

Así que la próxima vez que te plantees llegar a unos objetivos, diferencia entre querer y desear y reflexiona sobre lo que realmente estás dispuesto a dar a cambio de conseguir dichos objetivos.

Javier Echaleku

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