Hoy, ni siquiera el creador de una empresa se plantea acabar su vida laboral en ella

La semana pasada estuve reflexionando con mi amigo David Blay sobre los últimos cambios que hemos estado realizando en Kuombo en cuanto a estructura de trabajo y equipo. David es un reconocido periodista valenciano además de experto en todo lo relacionado con el teletrabajo y organizaciones descentralizadas, por tanto su punto de vista es muy enriquecedor cuando te pones a filosofar sobre lo humano y lo divino de lo que sucede en nuestras organizaciones. Así pues, al explicarle que a partir de este mes de septiembre voy a empezar a ejercer de director creativo de la agencia (algo que me apetecía mucho volver a hacer), iniciamos un debate que concluyó en lo que a continuación expongo en este post (que por cierto hemos escrito juntos).

Reflexiones sobre la retención del talento

Aunque puedan parecer dos perfiles alejados, el entrenador de fútbol Pep Guardiola y el director financiero de Netflix, David Wells, tienen dos cosas en común: pese a su envidiable status no se plantean pasar toda su vida laboral en un mismo lugar, por muy atractivo que éste parezca. Y, además, son muy conscientes de que no pueden retener todo el talento que trabaja a su alrededor, por muy extraordinario que éste sea.

Comencemos por la historia del de Santpedor. Incluso en el mejor Barcelona de la historia, cada año salían entre seis y ocho jugadores de la plantilla y se incorporaban otros tantos nuevos. Y las circunstancias para ello son múltiples: hay gente que ya ha dado todo lo que tenía, con lo que no puede aportar más por mucho que quiera. Otros se encuentran en un momento vital donde sus prioridades o sueños cambian, lo que pese a los que los jefes piensen no es algo que dependa de su buen hacer sino de algo personal y profundo. Y, como ocurre en todas partes, una tercera situación (absolutamente humana) viene de la pérdida de ilusión. O incluso de la llegada de la ilusión de algo nuevo, por mucho que parezca inferior a lo que se tiene en ese momento. Le pasó a alguno de sus futbolistas y le ocurrió a él mismo.

Estamos en una era donde primero los milenials y luego la Generación Z no conciben aquello que inculcaron a sus padres y abuelos: que hay que jubilarse en aquel sitio que apostó por ti siendo jovencito. Primero, porque la estabilidad laboral es realmente escasa. Y segundo, y más importante, porque hay tantas cosas que hacer, en tantos ámbitos, que uno no puede sino querer experimentar a lo largo de su existencia.

Vivimos en una sociedad líquida

Lo dijo Zygmut Baumann, que definió como nadie lo que hoy ya está ocurriendo. Estamos en una sociedad líquida. La que lleva, por ejemplo, a periodistas como David a ser capaces de hacer un directo para una televisión, pero también grabar un podcast sobre una de sus aficiones, gestionar las redes sociales de un futbolista y ser columnistas en un blog de referencia al mismo tiempo, sin dejar de ser lo que son.

O la que hace transitar a una persona como yo, que comenzó su andadura profesional con 18 años emprendiendo como vendedor de bolsas de plástico, teniendo su propio estudio de diseño a finales de los 90, trabajar en la publicidad y en el mundo comercial en pymes o multinacionales, montar una empresa millonaria de calzado, cerrarla y arruinarse, volver a emprender en el mundo del marketing y terminar siendo de nuevo director creativo de su propia agencia, sin olvidar proyectos ligados al boxeo o a nuevas herramientas digitales de ventas. Una locura.

Antes de hablar de un unicornio como Netflix, hagámoslo del UNICORNIO con mayúsculas. Google OBLIGA a sus trabajadores a usar un 15% de tiempo en su empresa a pensar, e iniciar, proyectos que nada tengan que ver con ella.

De este modo hablan con otra gente y exploran otras áreas. En consecuencia, amplían sus conocimientos y sus contactos. Y, en muchas ocasiones, el resultante ha sido tan extraordinario que ha acabado convirtiéndose en una nueva aplicación para la compañía. Con el consiguiente ingreso económico para el empleado.

Sin embargo, muchas veces vemos con malos ojos que los nuestros puedan hacer algo así al margen de quien les paga, porque entendemos que se debe lealtad (y hay, obviamente, una gran parte de razón en ello). Pero en ocasiones no nos damos cuenta que muchas de las propuestas que acaban surgiendo vienen en realidad de conversaciones de bar con gente de fuera de nuestro entorno. De visitas a conceptos que nada tienen que ver con el propio. O incluso de contacto con gente de la competencia directa.

Vayámonos a la plataforma de vídeos en streaming. En el mejor momento de su historia, Wells obviamente lo tendría todo a favor para seguir en el cargo. El crecimiento es absoluto, el modelo de negocio que inició en 2010 revolucionario. Y, además, a nivel de conciliación y otros aspectos diferenciales la empresa es de las mejores del planeta. Pero, ocho años después, decide irse. No a Amazon. No a HBO. A su casa. A ayudar con el dinero ganado a otras personas. Y a vivir viendo crecer a su familia.

Dicho esto, concluyamos con tres verdades, que si bien no son absolutas sí son indicativas de hacia qué mundo nos dirigimos.

  1.  No debe ser un trauma que gente que está hoy contigo, aun siendo tu mano derecha, quiera emprender nuevos caminos. Es una inconveniencia por muchas circunstancias, sobre todo emocionales y laborales, pero va a estar a la orden del día. De hecho, muchos proyectos nacieron de personas descontentas con grandes corporaciones que quisieron montar algo más pequeño que les hiciera más felices.
  2. Incluso en los momentos álgidos, gestionar el talento no es sencillo. Y aun siendo óptimo en estas lides, hay aspectos que no dependen de quién está al frente. Si alguien tiene un hijo y quiere pasar más tiempo con él. Si de repente un nuevo mundo que se abre le seduce enormemente. Si pasa por una crisis personal y busca un revulsivo con gente nueva a su alrededor. Por mucho que cuides a los tuyos, su vida está mucho más allá de una oficina donde os veis ocho horas al día.
  3. Hasta quien ha fundado algo desde cero, lo ha hecho rentable, ha dado la oportunidad a otros de formar parte de ello y ha hecho girar su vida en torno a ello, puede aparecérsele algo que le rompa el esquema mental. El mundo de hoy es apasionante. Se están inventando nuevos trabajos. Se requieren nuevos talentos para los antiguos. Y nadie está libre de querer reenfocarse una, dos o 30 veces.

Por tanto, como reflexión personal final…

Más que “retener” talento, prefiero enfocarme en motivarlo, en crearlo, en hacer que los demás se lo crean y sean conscientes de que son capaces de tenerlo, y en ser feliz primero para poder hacer feliz a los que me rodean. Si por el camino me equivoco, si mis inquietudes y metas provocan decepción por expectativas no cumplidas, o simplemente no todo el mundo encuentra su motivación, dejaré la puerta abierta y ayudaré a que se pueda cruzar para que todo siga siendo líquido mientras yo sigo aprendiendo y disfrutando.

Por último, quiero agradecer enormemente a todos nuestros clientes, socios, colaboradores y compañeros que me han apoyado a nivel personal con toda la confianza del mundo en esta nueva etapa en la que voy a tener el lujo de poder estar más cerca de ellos el 100% del tiempo.

¿Qué opinas de todo esto? ¿tu mundo es líquido? ¿tu gestión es líquida?

Javier Echaleku

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